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En todas las relaciones surgen roces. Un compañero de piso que deja los platos en el fregadero, una pareja que gestiona el dinero de forma diferente, un amigo que cancela los planes a última hora. El conflicto forma parte inherente de las relaciones humanas. Lo que distingue a las relaciones que prosperan de las que se desmoronan no suele ser si se producen conflictos, sino cómo las personas los afrontan. Ahí es donde entra en juego la comprensión de los estilos de conflicto.

 

¿Qué son los estilos de conflicto?

Los estilos de conflicto son los patrones habituales en los que caemos cuando surgen desacuerdos. Piensa en ellos como tu modo de actuar por defecto cuando estás bajo presión. Algunas personas se lanzan de cabeza, ansiosas por resolver las cosas de inmediato. Otras se retiran, con la esperanza de que el problema se resuelva por sí solo. Ninguno de los dos enfoques es intrínsecamente incorrecto, pero los problemas surgen cuando tu estilo choca con el de otra persona, o cuando aplicas el mismo enfoque a todas las situaciones, independientemente del contexto.

El marco más utilizado para comprender los tipos de personalidad en situaciones de conflicto proviene del modelo de Thomas-Kilmann, que clasifica los estilos a lo largo de dos ejes: la asertividad (en qué medida se dan prioridad a las propias necesidades) y la cooperatividad (en qué medida se dan prioridad a las necesidades de la otra persona). De este modo se definen cinco estilos distintos.

 

Los cinco estilos de gestión de conflictos

Competir

Alta asertividad, baja capacidad de cooperación.

  • Los competidores consideran el conflicto como un juego de suma cero. Defienden con firmeza su postura, a veces a costa de la relación. Este estilo puede resultar eficaz en situaciones de emergencia o cuando es necesario mantenerse firme en un valor no negociable, pero si se abusa de él, puede hacer que los demás se sientan arrollados.

Evitar

Baja asertividad, baja capacidad de cooperación.

  1. Las personas evasivas eluden el conflicto por completo. Cambian de tema, se marchan de la habitación o dejan que los problemas se prolonguen indefinidamente. A veces, la evasión es estratégica, ya que no todas las causas merecen la pena defenderse a toda costa. Sin embargo, la evasión crónica hace que el resentimiento vaya creciendo e impide una resolución real.

Adaptable

Baja asertividad, alta cooperatividad.

  • Las personas complacientes dan prioridad a la armonía y a la felicidad de los demás, a menudo a costa de sus propias necesidades. Son expertas en calmar los ánimos, pero el sacrificio constante puede generar resentimiento y minar la autoestima.

Comprometedor

Asertividad moderada, espíritu de colaboración moderado.

  • Quienes apuestan por el compromiso buscan un término medio en el que todos cedan un poco. Es un enfoque práctico y eficaz, lo que lo hace útil para decisiones de menor importancia. ¿El inconveniente? Es posible que ambas partes queden solo parcialmente satisfechas y que los problemas subyacentes no se aborden.

Colaborar

Alto nivel de asertividad, alto nivel de cooperatividad.

  • Los colaboradores analizan a fondo el conflicto, buscando una solución que tenga plenamente en cuenta las preocupaciones de ambas partes. Este enfoque requiere tiempo, confianza y una curiosidad genuina. Cuando funciona, refuerza las relaciones. Sin embargo, cuando se aplica de forma forzada en cuestiones de menor importancia, puede resultar agotador.

 

 

Por qué es importante tu estilo predeterminado

La mayoría de nosotros tenemos uno o dos estilos a los que recurrimos instintivamente. Estos patrones se forman desde muy temprano, moldeados por la dinámica familiar, la cultura y las experiencias pasadas. Quizá aprendiste a evitar los conflictos en un hogar conflictivo, o desarrollaste un espíritu competitivo en entornos en los que alzar la voz era la única forma de hacerte oír.

El problema es que recurrir a lo habitual es solo un hábito, no una estrategia. La comunicación en las relaciones mejora cuando puedes elegir tu enfoque en función de la situación, en lugar de recurrir siempre a la misma fórmula. La flexibilidad es el objetivo.

 

Cómo identificar tu estilo de gestión de conflictos

Presta atención a tus instintos la próxima vez que surja tensión:

  • ¿Te acercas o te alejas? Acercarse al conflicto sugiere tendencias a competir o a colaborar. Alejarse indica que se busca evitarlo o adaptarse a él.
  • ¿Cuál es tu principal preocupación? Dar prioridad a tus propias necesidades implica entrar en conflicto. Dar prioridad a la relación implica ceder.
  • ¿Cómo te sientes después? El resentimiento suele indicar que te has adaptado a la situación o que la has evitado. La satisfacción con soluciones parciales apunta a que has cedido.

También puedes preguntar a personas de confianza cómo viven los conflictos contigo. Su punto de vista suele revelar aspectos que a ti se te escapan.

 

Consejos prácticos para resolver conflictos en las relaciones

1. Explica qué está pasando.

  • Cuando detectes un conflicto de estilos, señálalo con tacto. «Creo que estoy intentando evitar esta conversación, y tú quieres resolverla ahora mismo. ¿Podemos encontrar un término medio?». Esto cambia la dinámica, pasando de un enfoque conflictivo a uno colaborativo.

2. Adapta el estilo a lo que hay en juego.

  • Reserva la colaboración para los asuntos que realmente importan: los valores, los patrones recurrentes y las decisiones con repercusiones a largo plazo. No le des importancia a las pequeñas molestias o resuélvelas con un rápido acuerdo.

3. Distingue a la persona del problema.

  • Céntrate en el problema concreto y en el comportamiento, no en juicios generales como «Siempre te cierras en banda» o «Tienes que ganarlo todo».

4. Muéstrate interesado por el estilo de la otra persona.

  • Haz preguntas en lugar de dar cosas por sentadas. «¿Qué te ayudaría a sentirte escuchado en este momento?» demuestra respeto por su proceso.

5. Practica el estilo que menos utilizas.

  • Si siempre te pones a la defensiva, intenta mostrarte de verdad comprensivo. Si siempre te escapas, intenta quedarte en la conversación cinco minutos más de lo que te resulte cómodo.

 

Una visión más amplia

Entender los tipos de personalidad en los conflictos no consiste en etiquetarse a uno mismo ni a los demás. Se trata de ampliar tu repertorio. Los mejores comunicadores saben competir cuando es necesario, colaborar cuando importa, adaptarse con elegancia, llegar a acuerdos de forma eficaz y alejarse de las discusiones que no merecen la pena.

Los conflictos no tienen por qué dañar las relaciones. Si se gestionan bien, fomentan la confianza, profundizan el entendimiento y allanan el camino para una conexión auténtica. El primer paso es conocer tus patrones. El siguiente es elegir, de forma consciente, cómo quieres actuar.

 

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