En esencia, CoRE™(Resolución de conflictos para todos) gira en torno a las personas. El énfasis está en «todos». Cada persona aporta a la sala su propia historia, sus valores y sus experiencias vividas. Cuando nos tomamos nuestro tiempo, escuchamos y aprendemos unos de otros, la resolución de conflictos deja de centrarse tanto en solucionar problemas para centrarse más en fomentar el entendimiento.
Carmen: una guía forjada por la experiencia
Para Carmen, guía de aprendizaje y mediadora de CoRE™, las raíces del conflicto son personales. Al crecer en el sur de Colorado, fue testigo de cómo las desigualdades sistémicas generaban tensión y exclusión. Los latinos, recuerda ella,
A menudo se encontraban con escepticismo y condescendencia cuando se adentraban en espacios reservados a los privilegiados. El conflicto no era algo abstracto; formaba parte de la vida cotidiana.
Años más tarde, mientras dirigía una oficina municipal en Boulder, se sintió atraída por la mediación. Al ser bilingüe en inglés y español, Carmen solía trabajar en casos en los que las diferencias lingüísticas y culturales complicaban situaciones que ya de por sí eran difíciles. La mediación se convirtió en una forma de tender puentes allí donde, de otro modo, podrían levantarse muros.
Lo que más le entusiasma de CoRE™ es la oportunidad de transmitir estos conocimientos. «La mediación se aplica a tantos aspectos de la vida», reflexiona. «Cada nuevo mediador se convierte en alguien capaz de contribuir a que la sociedad funcione mejor, o quizá simplemente a que sea un poco menos disfuncional».
En el espacio de enseñanza CoRE™, Carmen aporta paciencia, curiosidad y una pregunta sencilla: «¿Qué es lo que más te gustaría que la otra persona entendiera de ti?». Ese cambio, que se aleja de las cifras o las exigencias y se centra en las verdades humanas, abre la puerta a una conexión auténtica.
Recuerda una mediación en la que se vieron envueltos un propietario y un inquilino inmigrante, enzarzados en una disputa por un cabezal de ducha. A simple vista, se trataba de una cuestión de fontanería. En el fondo, se trataba de agotamiento, dignidad y malentendidos. El propietario pensaba que estaba ayudando al instalar un cabezal de bajo caudal. El inquilino, al volver a casa tras un día de trabajo físico, necesitaba algo más potente. Ninguno de los dos estaba equivocado, pero al no comprender la realidad del otro, ambos asumieron que el otro tenía malas intenciones.
Para Carmen, ese momento puso de manifiesto por qué es importante este trabajo. Incluso los vecinos pueden vivir en mundos diferentes. La mediación ofrece una forma de tender puentes entre ellos.
Tristan: un estudiante impulsado por la curiosidad y la empatía
Tristan llegó a CoRE™ tras recorrer un camino muy diferente. Como arborista consultora y arquitecta paisajista, se pasa el día gestionando las tensiones entre el desarrollo y la conservación, y entre las personas y el entorno. Estas
Esas experiencias le han enseñado que los conocimientos técnicos no bastan. A menudo, lo que más importa es cómo se comunican las personas cuando chocan los valores.
Su forma de abordar los conflictos también está marcada por su identidad y sus orígenes. «Me identifico como mujer y provengo de un entorno de bajos ingresos del noroeste del Pacífico. Estas experiencias determinan mi forma de moverme por el mundo: con humildad, conciencia y un compromiso con la inclusión. Me siento muy vinculada a las comunidades ecológicas y humanas de esta región».
Tristan, una persona curiosa y con los pies en la tierra, se incorporó a CoRE™ para profundizar en sus habilidades de escucha y desescalada de conflictos. Al principio, consideraba la mediación principalmente como una herramienta para resolver disputas. Pero, a medida que practicaba con otros participantes del programa, su perspectiva cambió. Se dio cuenta de que el conflicto no es algo que haya que evitar o pasar por alto rápidamente. Puede ser una oportunidad, un momento para tomarse un respiro, escucharse plenamente unos a otros y transformar las relaciones. Un juego de roles sobre tensiones en el lugar de trabajo le ayudó a comprenderlo. En solo unos minutos, vio lo rápido que se afianzan las suposiciones y lo poderoso que puede resultar hacer una pausa antes de reaccionar.
Para Tristan, la resolución de conflictos significa ahora dar cabida a todas las voces, poner nombre a lo que se esconde bajo la superficie y buscar el respeto mutuo incluso cuando no es posible llegar a un acuerdo. Aplica estas habilidades en su trabajo con organismos y consejos consultivos, pero también en las conversaciones cotidianas, las relaciones de amistad y la vida en la comunidad.
«CoRE™ me ha dado algo poco común», reflexiona. «El espacio para practicar la escucha y entablar conversación con personas a las que les importa profundamente la justicia y la reparación».
El poder de todos
Carmen y Tristán se incorporaron a CoRE™ desde perspectivas diferentes: una como guía y el otro como alumno. Sin embargo, ambos nos demuestran que la resolución de conflictos no es un ámbito reservado a unos pocos. Es algo que todo el mundo puede aprender, poner en práctica y compartir.
Para Carmen, esta práctica consiste en criar a su hijo para que sea una persona empática y en construir una sociedad más funcional. Para Tristan, se trata de orientarse en las decisiones comunitarias y fomentar la equidad en los ámbitos profesionales. Ambos creen que el futuro depende de nuestra capacidad para escuchar, comprender y conectar más allá de las diferencias.
Ese es el poder de CoRE™. Se trata de la resolución de conflictos para todos. No solo para mediadores o profesionales. Es para vecinos, padres, compañeros de trabajo, líderes y amigos. Es para todos nosotros.
Este artículo se publicó originalmente en nuestro boletín informativo.

