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Una visión de la mediación familiar

Una visión de la mediación familiar


Uno de los programas principales que ofrece el Centro de Resolución de Conflictos del Condado de King (KCDRC) es la mediación familiar, en la que los mediadores del KCDRC ayudan a las personas a gestionar los planes de custodia, los divorcios u otros cambios y tensiones relacionados con la familia. En la mayoría de los casos, esto incluye a padres que deben acordar planes de custodia o modificar acuerdos existentes, así como situaciones de divorcio. No obstante, las mediaciones familiares también pueden abarcar otras cuestiones, como el cuidado de personas mayores por parte de hermanos o el reparto de responsabilidades compartidas entre familiares tras una pérdida.
A menudo, las partes acuden a una sesión de mediación familiar sintiéndose inseguras o resignadas. Durante la entrevista inicial, suelen comentar que ya han probado todo lo que se les ha ocurrido y que han planteado sus peticiones de diversas formas, a veces a lo largo de muchos años. Si hay menores de por medio, cada progenitor puede sentir que está actuando en el interés superior de los hijos, mientras que el otro no lo hace. La mediación no siempre se percibe como una opción esperanzadora, sino simplemente como algo que les ha indicado un tribunal o que figura en su plan de custodia y que tienen que intentar. La mediación familiar no consiste en arreglarlo todo en una sola conversación. Se trata de crear un espacio para que las personas en conflicto —a menudo personas con historias y responsabilidades compartidas— puedan salir de los viejos patrones y dispongan de un lugar donde comunicarse de otra manera. Para hablar con franqueza. Para ser escuchadas. Para imaginar cómo podría ser el futuro, aunque el camino no parezca claro.

¡La preparación es FUNDAMENTAL!

La autodeterminación es la piedra angular de una mediación familiar satisfactoria. A diferencia de los procedimientos judiciales tradicionales, la mediación pone el poder de decisión directamente en manos de las partes implicadas, lo que fomenta un sentido de responsabilidad y empoderamiento. Como explicó uno de los miembros del personal: «En el KCDRC, afortunadamente, no trabajamos a comisión y no necesitamos presionar a la gente para que recurra a nuestra mediación solo por el simple hecho de hacerlo. También prestamos un servicio a la comunidad asegurándonos de que las partes dispongan de la información y el apoyo necesarios para decidir qué es lo mejor para ellas entre las opciones disponibles». 
 

Esa libertad y esas oportunidades conllevan una responsabilidad. Para que la mediación sea eficaz, cada parte debe decidir no solo recurrir a los servicios de mediación familiar del KCDRC, sino también comprometerse a prepararse a fondo y a participar de forma activa. La mediación familiar funciona mejor cuando las partes acuden preparadas, no solo con la documentación necesaria, sino también con una visión clara de la situación.
 

En el KCDRC, la gestión de casos familiares sienta las bases para que surjan opciones de resolución significativas, al ayudar a las partes a adquirir la perspectiva y las herramientas de comunicación que necesitan. El acompañamiento en la gestión de casos también ayuda a las personas a afrontar las emociones difíciles y las decisiones con las que tendrán que lidiar durante la mediación. El proceso de admisión de casos familiares del KCDRC ayuda a las partes a comprender las posibilidades reales de la mediación: qué puede ayudarles a resolver y qué no. Aunque no se celebre posteriormente una sesión de mediación con un acuerdo de conciliación, muchas personas encuentran alivio y claridad tras una entrevista inicial sobre asuntos familiares en el KCDRC. Durante estas entrevistas, se evalúa si los casos son aptos para la mediación y también proporcionamos numerosas referencias a recursos.

Apoyo a las partes

Cuando la admisión en el KCDRC da lugar a una sesión de mediación familiar, este proceso ayuda a las partes a acudir a la mediación con un objetivo claro y dispuestas a explorar posibles soluciones: ¿Qué información deben aportar las partes para que la conversación de mediación se desarrolle con fundamento? ¿Cuáles son las mejores, las peores y las opciones más realistas para cada una de ellas y para el resto de personas implicadas? Casi siempre, las partes no solo necesitan esta preparación, sino también un apoyo continuo durante la sesión de mediación familiar para expresar sus inquietudes con claridad y empatía.

 

Los mediadores familiares del KCDRC respetan que las partes sean las expertas en lo que respecta a su propia situación y no les dicen qué deben hacer ni les presionan para que acepten compromisos que quizá no estén dispuestas a cumplir o no puedan llevar a cabo.  En cambio, los mediadores ayudan a los participantes a tomarse su tiempo, a identificar lo que realmente importa y a explorar opciones que ellos mismos —y no un tercero— podrán elegir. Cuando procede, se anima a las partes a consultar con un abogado para revisar cualquier acuerdo alcanzado. Las partes también pueden optar por que su abogado esté presente en la mediación.

Cambios en la conversación

Un cambio habitual que se produce durante la mediación familiar es la forma en que hablan las personas. Los mediadores suelen observar que, primero una de las partes y luego la otra, empiezan a utilizar expresiones como «desde mi punto de vista» o «lo que entiendo por lo que me dices es...». Como señala Beckey, mediadora del KCDRCImagen de perfil de Beckey S Sukovaty comentó: «Gran parte de lo que hacemos como mediadores, y que resulta especialmente importante en las mediaciones familiares, consiste en ayudar a las personas a pasar de intentar demostrar que tienen razón a plantear preguntas. De culpar a centrarse en las realidades prácticas. De «esto es lo que siempre pasa» a «¿qué podríamos hacer de forma diferente de ahora en adelante?»» Son pequeños momentos, pero demuestran que la conversación está cambiando de rumbo. Lo que comenzó como una sensación de desesperanza y frustración está dando paso a un enfoque centrado en la resolución conjunta de problemas.

Esos cambios suelen conducir, aunque no siempre, a un acuerdo formal. Sin embargo, casi siempre significan que pueden concluir la mediación en una situación más favorable para ellos y sus familias que aquella en la que comenzaron. A veces, el mayor éxito en la mediación familiar no es un acuerdo firmado, sino un tono más conciliador, una pausa reflexiva mientras se escucha de verdad, la disposición a ver una historia familiar desde un nuevo ángulo o la elaboración de planes informales para seguir colaborando de una nueva forma con una mejor comunicación.